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Erebus |
| El hijo del lobo blanco y nuevas historias del desierto |
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| Escrito por Andrés Díaz |
| Jueves, 15 de Julio de 2010 09:25 |
El hijo del lobo blanco y nuevas historias del desierto Aventura, aventura y aventura. El Howard más intenso y épico. Esto es lo que vamos a encontrar en este libro. Si Howard es uno de los máximos exponentes de la novela de aventuras y la épica sangrienta, el volumen que nos ocupa satisfará a los lectores que busquen su buena ración de batallas salvajes, persecuciones, esfuerzos físicos sobrehumanos y héroes "más grandes que la vida misma". Se trata de la segunda entrega que edita La Biblioteca del Laberinto, referente al héroe Francis Xavier Gordon, llamado también "El Borak" ("El Rápido"). Este segundo volumen no desmerece en absoluto si lo comparamos con el primero; tampoco es que sea mejor. Simplemente, el nivel de excelencia se mantiene. Las aventuras de El Borak se enmarcan en el Oriente Próximo y Medio del primer cuarto del siglo XX, un escenario ideal para el género de aventuras: guerreros beduinos, turbantes y chilabas, camellos, dunas, cimitarras, pistolas y fusiles, héroes occidentales dispuestos a todo, batallas a tiro limpio bajo un sol cegador, nidos de ladrones y asesinos a media luz y, para rematarlo todo la trifulca final a sablazo y cuchillada limpia, o a culatazos de fusil... Se trata de la aventura "pulp" oriental. Para resumirlo en imágenes, dos serían las películas que reflejan (cada una con su propia personalidad) este tipo de narración aventurera: En busca del arca perdida (las siguientes entregas del héroe Indiana Jones son discutibles) y Lawrence de Arabia. Es en ese Oriente desértico nebuloso, exótico, mágico y peligroso para nosotros los occidentales, donde ocurren las aventuras de El Borak. El Borak es el héroe perfecto del pulp: fuerte, aguerrido, intrépido y además con una poderosa capacidad estratégica para resolver en poco tiempo situaciones peligrosas, así como el carisma capaz de hacerle liderar a los bárbaros del desierto. Lo que le diferencia de otros héroes de aventura oriental es que reniega de su condición occidental, de su condición "civilizada". En otras narraciones (tal vez más racistas o chovinistas en un sentido íntimo), el héroe inglés o norteamericano conserva su idea de superioridad moral y ética frente la barbarie oriental. De algún modo parece "separado" de ese ambiente, se considera "por encima" de él, aunque viva físicamente en él. Pero El Borak no es un occidental "de paso" en el mundo oriental, no pretende mejorarlo. Evidentemente tratará de acabar con cualquier conjura que desestabilice por completo Oriente, pero El Borak es un renegado de la civilización. Y eso es lo importante: emocional, psicológica y casi, casi moralmente, El Borak se convierte en un bárbaro más del desierto, adopta muchos de sus esquemas mentales, se siente como en casa entre ellos. Aparece descrito no como un occidental entre bárbaros, sino como un bárbaro más. Francis Xavier Gordon se queda en sus orígenes, es olvidado, y surge El Borak, el bárbaro. Este retorno a la barbarie es propio de Howard y es lo que ha hecho a sus personajes de aventura más reales y nítidos. Lo vemos en el Esau Cairn de Almuric o en Stephen Costigan: los héroes encuentran su realización allá donde la civilización cae e imperan las leyes de la sangre y la guerra. El Borak podría muy bien haber nacido en Arabia o en la India y sus historias no habrían sufrido demasiado el cambio. Francis Xavier Gordon puede trabajar con las potencias occidentales, pero odia cualquier tipo de burocracia y disciplina artificial, y reniega de los ejércitos, con sus estructuras y jerarquías de poder. No es creíble aquel gentleman inglés que tras batallar en la India vuelve a los salones de Londres a tomar el té. Pero sí es creíble un Francis Xavier Gordon que disfruta en la soledad del desierto por la noche y en la batalla sangrienta, un hombre violento que no baila un vals ni le dice cumplidos a las damas. Gordon "se convierte" no al Islam, pero sí al orientalismo bárbaro. Mientras otros autores ponen a la civilización por encima de la barbarie, Howard nivela por igual a la barbarie y a la civilización. En todo caso, la barbarie es más honesta y sincera, lo cual de algún modo la legitima por encima de su enemiga. El estado auténtico de la Humanidad (en palabras de Howard) es la barbarie, y por ello su héroes se autentifican en ella. Sólo otro héroe del pulp transmite claramente este mensaje: un Tarzán asqueado de la ciudad que vuelve a la jungla, donde es legítimo matar sin contemplaciones a los enemigos. Pero claro, los textos de Burroughs no son tan viscerales, intensos y sombríos como los de Howard. No son tan evocadores ni poderosos. Las historias comparten además otro aspecto pulp: el peligro oriental. Oriente conjura y planea entre las sombras para alzarse contra Occidente como una tsunami que arrase con toda la cultura civilizada. En las historias que nos ocupan de El Borak no hay exactamente un elemento cultural o religioso integrador. Ni siquiera el Islam fanático es exactamente el peligro. El peligro es Oriente en sí mismo. Las amenaza mundial engloba tanto a los rusos (de la época zarista, claro), cerebros criminales en la sombra, como a árabes, mongoles, turcos y un batiburrillo de razas y pueblos distintos, como si todos ellos no pensaran más que en conquistar primero Oriente (al estilo de Gengis Khan o Timur Lan) y luego Occidente. Y aunque hemos dicho que El Borak en el fondo es un bárbaro, no lo es 100%, pues aquí recuerda sus orígenes y como agente en la sombra desbarata todas esas conjuras. En defensa de Howard, debe decirse que en su época el Peligro Oriental era tan común como el Cambio Climático lo es hoy (cada época tiene sus Grandes Peligros). Howard usó el Peligro Oriental también en sus historias de Steve Harrison o Stephen Costigan, aunque sin llegar a los extremos ridículos de Sax Rohmer y su Fu-Manchú. En cuanto a la estructura de los textos, son cuatro relatos largos (o novelettes, novelas cortas) muy propios del hacer de Howard: un argumento sencillo y una trama bien hilada y planificada, más compleja de lo que parece, que no lo basa todo en la pelea, sino también en un nivel de intriga un poco predecible, pero en todo caso aceptable dentro del mundillo pulp. Los seguidores de Howard no se quedarán insatisfechos: todo suele acabar en batallas campales tremendas, escritas con el estilo más crudo y salvaje del tejano. El tono épico de El Borak no tiene nada que envidiar al Clavos Rojos de Conan. Sigue el estilo hiperbólico, el exceso y la desmesura que deleita a sus fans. Se mantiene el aire de western (no de saloon, sino de las Guerras Indias), y las situaciones (que no la estética) podrían estar encuadradas perfectamente en un film de John Ford. El desierto oriental es un reflejo de las historias de indios y vaqueros de Tejas o Nuevo Méjico, y, tal vez, algún que otro asedio esté inspirado en la mente por la gesta del Álamo. Como suele ocurrir en este autor, si cambiamos nombres y estética, el argumento y la trama de todos los relatos son intercambiables con los del resto de sus héroes, sobre todo Conan. De hecho, algunos relatos gozaron de una magnífica adaptación al cómic, como El hijo del Lobo Blanco o La sangre de los dioses. Sólo falta el elemento sobrenatural, pero esto no es un defecto en sí del propio Howard, sino de la idea que nosotros tenemos sobre él. Howard fue popularizado por sus historias de Espada y Brujería, pero son sólo una parte de su obra, y quizá no la más grande. Muchos de sus relatos son simplemente aventura (oriental, histórica, etc.), sin elementos sobrenaturales. Desde luego cuando los hay todo brilla más, pero sin ellos también encontramos un material interesante. En definitiva, como obra howardiana este libro es "redondos", pues explota sin tapujos la virtudes de este autor. Las historias de El Borak son una muestra excelente de la novela épica de aventuras.
Relatos: Andrés Díaz |



